Algo Después : Ilich Castillo 2016.06.25

Ésta muestra se enfoca en uno de los filones creativos más salientes del trabajo de Ilich Castillo (Guayaquil, 1978), uno de los artistas más complejos de la escena de arte contemporáneo que emergió con vitalidad a mediados de la década pasada en el Ecuador. Integrante además del señero colectivo Lalimpia, sus contribuciones fueron claves en la reanimación estético-política de la escena local.


La obra de Castillo requiere de interlocutores cómplices abiertos a un diálogo poblado de densidades, ya que ésta se contrasta transversalmente frente a narrativas identitarias, contenidos científicos, y connotaciones derivadas de repertorios artísticos y culturales específicos a los cuales tangencialmente alude. Detrás de su particular forma de activar entre sí economías visuales muy dispares –guiños al canon de la abstracción o de la historia del cine, por ejemplo- se intuye en su trabajo cierto aliento filosófico.


Lo atípico de sus premisas creativas -alejadas de las agendas más trajinadas del arte en el Ecuador- las referencias eruditas o intereses singulares que incorpora en ellas (muchas veces ajenos a la especificidad del campo artístico pero a la vez siempre en diálogo con éste), sumado al sentido experimental de sus propuestas y al desarrollo de un pensamiento autocrítico que permanentemente escruta los supuestos de su propia práctica, lo han conducido hacia inquietos tanteos en direcciones diversas. Como contraparte esta facilidad que tiene su trabajo para filtrarse a través de diferentes dominios cognitivos presenta retos para ser domesticado por la palabra: ciertamente es un desafío hilvanar un discurso que englobe el grueso de su producción en los códigos de uso corriente con que se distribuye el saber en el mundo del arte.


Frente a esta dificultad, la exposición presenta una selección de trabajos que dialogan entre sí, y que permite fijar una perspectiva concreta sobre una parcela de su producción. El recorrido se enfoca sobre una de las aproximaciones más reiteradas en su quehacer, caracterizada por la serie de alteraciones –primordialmente a través de procedimientos digitales- que el artista subraya o provoca sobre acervos documentales, literarios o fílmicos, varios de los cuales tienen a la gramática del glitch como disparador. Estos procedimientos, donde el artista generalmente inserta un error que causa una interferencia sobre el código que construye la imagen, producen atractivos desenlaces formales donde la distorsión resultante, en su acontecer, insinúa también la pifia conceptual que podemos deducir del referente original y el yerro que simbólicamente encierra. 


Partiendo de esta aproximación encontramos series fotográficas como Physis y Bichos de jardín (calamidad doméstica) que emplean documentación de fallas geológicas y plagas, respectivamente. Lo propio en videos como Glitch Ecuador y Qué tan lejos está el triunfo de la voluntad, que a más de ahondar en las “formas” discursivas más veladas que afirman la identidad del Estado-Nación, también suscitan –algo común en su repertorio- reflexiones en torno a la dicotomía representación/abstracción.


Otras obras, como Trampas cromáticas, Ejercicios de agrimensura y Algo después, manteniendo aquel interés por contrastar ideas a partir de la anomalía presente en un sistema determinado, se plantean más como paralelos análogos de los trabajos antes mencionados. Éstas privilegian la contemplación de una cotidianidad anodina y la experiencia de eventos de carácter residual donde se intuye algún tipo de revelación. Así los sueños, los pequeños accidentes fortuitos, o las maneras en que se descartan los objetos pueden someterse a elaboraciones estetizantes o a arreglos instalativos que permiten, en su conjunto, sacudir nociones establecidas sobre la psiquis, la naturaleza, el paisaje y la cultura material. Sus abordajes parten de una observación cuyos sesgos se nutren desde el trascendentalismo de Thoreau hasta los dilemas que padece él mismo como artista contemporáneo que profesa una religión poblada de pautas restrictivas. 


En Castillo la errancia propia del mandato misionero se ha convertido en algo emparentado a la deriva, desde donde decanta vivencias que subyacen sutilmente tras este corpus de obra. Su trabajo no apologiza el señalamiento del error como motivo estético o finalidad ulterior, sino más bien como elemento delator dentro de un sistema de percepción de deformidades y desviaciones que interpelan al mundo. Al final su obra parece proponer la toma de consciencia de estas singularidades como un “factor fenomenológico” desde el cual nos invita a hacer sentido de todo lo que nos rodea.



Rodolfo Kronfle Chambers

Curador